“La fotografía reduce el mundo en color a un rectángulo en blanco y negro; y como el más modesto arte, requiere buen gusto, capacidad de abstracción, fantasía y concentración”

Arratsalde on, fotogasteiztarras. La Fundación Mapfre que tantas buenas expos nos trae al Paseo Recoletos de Madrid acoge desde hoy mismo -día en que el protagonista hubiera cumplido 120 años (22 de junio de 1897 – 27 de septiembre de 1966) una de las mayores retrospectivas creadas hasta la fecha sobre el trabajo del fotógrafo alemán Albert Renger-Patzsch, uno de los mayores representantes de la escuela de la nueva objetividad alemana que rechazaba el expresionismo como movimiento artístico. ¡No dejéis de ir a verla si vais a Madrid antes del 10 de septiembre!

La muestra se compone de 185 fotos y materia documental.

¿Os gustaría conocer el contexto y la perspectiva del fotógrafo Albert Renger Patzsch? ¿Profundizar en la visión y objetividad de la fotografía alemana de los años veinte?

Albert Renger Patzsch realizó su monumental obra a lo largo de cuatro décadas y media (1897-1966) y es considerado una de las grandes figuras de la historia de la fotografía. Concretamente, la exposición recoge en seis series las obras más significativas del conocido fotógrafo desde principios de 1920 hasta la década de 1960 y es una de las más amplias presentadas hasta la fecha con 185 fotografías y material documental.

Renger-Patzsch es considerado uno de los máximos exponentes del movimiento de la Nueva Objetividad, el cual ha influido de manera considerable en el desarrollo de la imagen moderna y contemporánea.

De extremada originalidad, Albert Renger-Patzsch destaca por su sobriedad y un riguroso planteamiento técnico y formal en el que la cámara sirve para intensificar nuestra consciencia y perspectiva de las cosas.

“Ya no se puede concebir la vida moderna sin la fotografía”

Logró combinar las cualidades descriptivas y objetivas de la fotografía con sus aptitudes estéticas, logrando con su obra una verdadera ruptura con las prácticas fotográficas anteriores. Ésta fue para el artista la única manera de conseguir que la fotografía alcanzara una identidad propia, claramente diferenciada de la herencia pictorialista y de los experimentalismos híbridos de las vanguardias de principios del siglo XX. Su obra es el claro reflejo de sus palabras: “ya no se puede concebir la vida moderna sin la fotografía”.

La exposición recorre su carrera desde la década de 1920 hasta la de 1960, examinando la amplia gama de géneros que la marcaron a través de tres momentos fundamentales: sus años iniciales, con las imágenes de plantas para la editora Folkwang/Auriga y la profusión de temas presente en su libro Die Welt ist Schön (El mundo es bello, 1928); el periodo que se abre con su traslado a la zona del Ruhr, caracterizado por una intensa producción en torno a sus arquitecturas y elementos industriales; y, finalmente, los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando retorna a la naturaleza.

La muestra, que entre octubre de 2017 y enero de 2018 podrá visitarse en la galería nacional del Jeu de Paume (París), ha contado con préstamos de las siguientes colecciones institucionales: Fundación Ann y Jürgen Wilde, Pinakothek der Moderne (Múnich), Galerie Berinson (Berlín), Museum Folkwang (Essen), Museum Ludwig (Colonia) y Centre Georges Pompidou (París).

Albert Renger-Patzsch, distinguido por ser uno de los principales representantes de la Nueva Objetividad alemana, consiguió que la fotografía alcanzara una identidad estética y conceptual propia.

Dos postulados fundamentales caracterizan el trabajo que desarrolla a lo largo de su carrera: gran atención al detalle y realce de los aspectos más formales, estructurales y materiales de los objetos fotografiados. Estos recursos venían a reafirmar las cualidades que para Renger-Patzsch dotaban a la fotografía de un papel privilegiado en lo que a representación (y percepción) de la realidad se refiere: realismo, objetividad y neutralidad. El resultado es un estilo sencillo y sobrio, producto de concebir la cámara como aparato técnico capaz de trasmitir rigurosamente la naturaleza de las cosas y de reforzar nuestra consciencia de las mismas.

Renger-Patzsch fue un fotógrafo inmensamente prolífico y su obra reúne un gran conjunto de temas, tipos y géneros fotográficos. En un período histórico marcado por profundas tensiones políticas y por significativos cambios sociales y económicos, el trabajo del artista permite entrever una peculiar cosmovisión, donde los dominios de la naturaleza y de la tecnología se ven reinterpretado. Es también una manera de reflexionar sobre las posibles conexiones y analogías entre el mundo dado (de la naturaleza) y el heredado (del pasado, de la tradición), y el mundo nuevo, transformado por el hombre, que emerge con los nuevos designios de la cultura moderna, urbana e industrial.

Renger-Patzsch publicó numerosos escritos en los que plasmó sus convicciones y difundió su obra fotográfica. Destacan “Pflanzenaufnahmen” (Fotografías de plantas, 1923), Die Welt der Pflanze (El Mundo de las Plantas, 1924), Die Halligen (1927), Lübeck (1928) y Hamburg (1930), pero sobre todo de Die Welt ist schön (El mundo es bello, 1928), considerada hoy su obra editorial más importante y muy exitosa desde su aparición. En ella recogió un conjunto de unas cien fotografías de muy variado género, realizadas desde el inicio de su carrera.

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