Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949 y actual vecina de Madrid) única fotógrafa española miembro de la agencia Magnun a quien tuvimos la inmensa suerte de conocer hace ahora un año, ha sido galardonada con el Premio PHotoEspaña 2017, en reconocimiento al conjunto de su obra, que le ha convertido en referente de la historia de la fotografía española contemporánea.

García Rodero ha sido premiada por ser una de las fotógrafas más destacadas del panorama internacional contemporáneo, con una obra monumental sobre las tradiciones ancestrales del hombre.

Zorionak Cristina!

Foto: Gustavo Bravo (FotoGasteiz)

Foto: Gustavo Bravo (FotoGasteiz)

García Rodero, cuya obra estudiamos en nuestro curso de Autores y Leyendas, protagoniza la actual edición de PHotoEspaña con la exposición ‘Lalibela, cerca del cielo’, en el ‘Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa’ (Plaza de Colón, Madrid), sobre iglesias medievales cristianas en esta ciudad etíope, que os animamos con creces a visitar si vais este verano a Madrid. Además, es gratuita, como la que recientemente expuso en el CaixaForum del Paseo del Prado, también en Madrid.

Atraída por los contrastes del ser humano, se acerca a los escenarios con un estilo poético, desarrollando un relato pasional, de gran fuerza emocional, subrayado, normalmente, por el uso del blanco y negro. Sus fotos son únicas. ¡Os animamos a disfrutarlas aquí en la escuela, a través de sus libros!

Máximo exponente del documentalismo español, Cristina firma un trabajo apasionante, que comenzó a realizar en 1973, cuando era una estudiante de Bellas Artes de 23 años a la que concedieron una beca para desarrollar su idea: reflejar las fiestas de los pueblos de España. ¡Quién le iba a decir entonces a esta artista, “chiquitita”, como se define ella, pero gigante en talento, que su obra se convertiría en un referente fotográfico mundial!

Única fotógrafa española miembro de la prestigiosa agencia Magnum, no se creía lo suficientemente buena como para obtener aquella beca de Bellas Artes, necesaria para afrontar económicamente el trabajo que quería realizar. El inicio de su obra no habría tenido lugar en aquel mágico 1973 de no ser por su entonces pareja y por otra compañera de estudios, que confiaban más en su talento que ella misma. “Ya me presentaré a la beca el año próximo”, les decía. “Mi trabajo todavía no es tan bueno…”.

Pero gracias a ellos, se presentó y ganó. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento a aquel jurado 😉

También hay que decir que la valentía que estuvo a punto de faltarle en aquel momento, jamás volvió a faltarle nunca. Cristina se mete en todas partes. Y cuando decimos en todas es en todas, como podréis ver en sus otros libros. Entre un chamán venezolano de una aldea recóndita, que puñal en mano pretende liberar del mal a quien va en busca de ayuda; en charcas de barro para fotografiar en primer plano espeluznantes rituales; en pleno Holi, rodeada de 80 millones de indios que llevan 16 años esperando para liberar de la reencarnación a sus antepasados… hasta en sesiones de sexo en directo del Salón de Barcelona.

Pasó esos 16 años recorriendo España, de pueblo en pueblo. Primero en autobús, pues no tenía carné. Después con su propio coche, lo que le facilitó mucho la labor logística…

Nos contaba que era una época en la que, por supuesto, no había Internet. Obtenía la información a cuentagotas. Llamando a los párrocos de las iglesias, a las tabernas… y como última opción a los cuarteles de la Guardia Civil de las localidades que se disponía a visitar, para saber las fechas, horas y lugares exactos en los que se debía acudir cámara en mano. Y allí que se presentaba como “forastera”, en los pueblos de una España en la que que una mujer llegara a un bar de un pueblo preguntando por las fiestas suponía ser tachada de chica fácil, como nos contaba. Se las ingeniaba para dormir en casas de vecinos, pues en muchos pueblos no había siquiera hostales. Y se metía en el epicentro de las fiestas, logrando estas instantáneas únicas que podéis ver en su libro, aquí en Fotogasteiz.

Zorionak berriro, Cristina!