Fotogasteiztarras, si vais a Madrid antes de junio (además de exposición de las fotos de India de Cristina de García Rodero en CaixaForum) no dejéis de disfrutar la obra de Lewis Baltz (Newport Beach, California, 1945- París, 2014), uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuyas fotos se exponen hasta junio de 2017 en la Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23), a menos de media hora a pie desde la expo de García Rodero.

Serán los 3 euros mejor invertidos de vuestro viaje a la capital 😉 La de García Rodero es gratuita.

Os maravillará su manera de trasmitir sus ideas, planteamientos e inquietudes, mezclando paisajes deshumanizados, arte y filosofía. Os encantará el minimalismo y los guiños al Land Art y al cine… Su fotografía es directa pero, en cuanto al contenido, de pensamiento conceptual. La belleza de la desolación, el crash del sueño americano…

Os escontraréis con fotos realmente preciosas de solares, urbanizaciones en construcción en mitad de la nada, vertederos, especulación urbanística, desertización…

Puede que las fotos os parezcan frías y carentes de emotividad, por lo excesivamente técnicas, finas y casi inmateriales que puede que os parezcan y porque las series carecen de estructura o composición narrativa como tal, pero la influencia del cine os hará entender sus conjuntos. Y podréis ver cómo logra transmitir su mensaje…

Podría decirse que fue un adelantado a su tiempo.

Lewis Baltz participó en 1975 junto a otros jóvenes fotógrafos como Robert Adams, Bernd y Hilla Becher, Frank Gohlke, Nicholas Nixon o Stephen Shore en la exposición New Topographics: Photographs of a Man-Altered Landscape (George Eastman House, Rochester, NY). Esta muestra supuso la presentación de una nueva generación de fotógrafos que por primera vez deja de mirar a la naturaleza intacta, a los parques nacionales, volviendo la mirada hacia las ciudades, al paisaje usado, gastado, transformado, capitalizado, a los suburbios que crecían con rapidez y proliferaban en las ciudades estadounidenses.

La obra de Baltz se puede dividir en dos fases. La primera se centra en la representación de la agresiva intervención humana sobre el paisaje. A esta primera etapa pertenecen sus conocidas series de pequeñas fotografías en blanco y negro. A partir de 1989 Baltz introduce la fotografía en color en su obra, y trabaja sobre una nueva forma de materialización del poder: aquella que ejercen los medios y la tecnología sobre nuestra vida.

Su obra se ha relacionado tradicionalmente con la generación de fotógrafos agrupados en torno a la exposición New Topographics, que cuestionó la idea del paisaje como una imagen bella y existencial, casi sagrada, y lo mostró como un hecho real, como resultado de la casi siempre desafortunada acción del hombre.

Baltz concebía el paisaje como espacio urbanizado, estructurado y poblado, y mostró esas construcciones como una arquitectura muda y prácticamente sin rostro. Para él, el paisaje se convirtió en paisaje-como-propiedad-inmobiliaria, donde el campo y la ciudad valían exactamente lo mismo en términos monetarios, y, al igual que un topógrafo, lo midió paso a paso y lo registró en sus imágenes.

La fotografía fue el instrumento que Baltz utilizó como medio de expresión, como herramienta de investigación y conocimiento, muy en la línea de la filosofía y el arte de los años sesenta y setenta.

A través de alrededor de 400 fotografías, la exposición presenta y debate la obra de Lewis Baltz en su totalidad, desde sus primeras series fotográficas en blanco y negro realizadas en los años 60 y 70 como The Prototypes Works, The Tract Houses o The new Industrial Parks near Irvine, California, hasta la obra en color y la exploración de nuevos lenguajes artísticos de los últimos años con obras como Ronde de Nuit, The Deaths in Newport o Venezia Marguera.

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