El responsable de la ONG Prodein (Pro Derechos de la Infancia), José Palazón, se subió el miércoles 22 de octubre de 2014 a las 10.00 horas al cerro de Palma Santa, en el este de Melilla su Canon SX50 HS para retratar a los 15 inmigrantes que se hallaban encaramados a la valla, porque la Guardia Civil le impidió tomar desde abajo la foto y encontró el punto de vista que ha conmocionado al mundo, al representar su foto la imagen de los dos mundos.

Se encontraba a unos 1.500 metros de la alambrada en línea recta y descubrió “una visión desconcertante”, como recoge la periodista que ha podido hablar con el autor de la instantánea, una de las 200 que tomó.

A sus pies, Palazón tenía el tapete resplandeciente del césped del Club Campo de Golf de Melilla: 12 hectáreas sembradas mayormente de paspalum, que costó cinco millones de euros cuyo mantenimiento anual asciende a los 700.000 euros.

En tan idílico escenario, sobre las 11.00 horas, dos jugadoras se disponían a abordar el sexto hoyo de los nueve con que cuenta el campo.

La cámara de Palazón dispararía justo el momento en que una de ellas ejecutaba el drive. El día era soleado. Hasta aquí lo que sucede en los dos tercios inferiores de la foto. La parte superior, sin embargo, parece recortada de otra estampa y pegada ahí. Hasta la ropa que llevan los inmigrantes, abrigados probablemente tras una noche a la intemperie, parece de otra estación.

Pese a lo polémica sobre el posible uso del programa de edición de imágenes Photoshop, asegura que no lo tiene. “Se piensa que está trucada porque es una situación muy difícil de creer. Es una realidad que no piensas que pueda existir”.

En el momento de la captura de la imagen, los 11 inmigrantes que entran en el encuadre estaban en actitud de alerta ante el acercamiento de un agente que subía por una escalera, pero, unos instantes antes, cuenta Palazón, simplemente miraban deslumbrados el campo y el juego.

El activista de Prodein pasó el día entero haciendo fotografías, en lo alto del cerro y también desde otros ángulos.

Llegó a casa pasada las 22.00 horas, publicó la fotografía en Twitter y provocó un aldabonazo en las conciencias aún mayor del que presumía.

No se sabe qué sucedió con los guineanos de la foto pues, después de 13 horas en la valla, sobre las 21.00 horas, las luces se apagaron de repente y se hizo la oscuridad. Cuando volvieron a encenderse, ellos ya no estaban.