Lola Garrido, amiga de muchos Magnum, es una coleccionista de fotografía viajera con una gran historia. Su colección se expone ahora en San Sebastián. La presentación ha sido este jueves 22 de noviembre de 2018 y la exposición, de acceso gratuito, estará abierta al público a partir de mañana viernes 23.

Sólo tenéis que acercaros a la sala Artegunea Kutxa de Donosti antes del 17 de febrero de 2019 para disfrutarla. Y si vais en Domingo y lo solicitáis con tiempo, podréis disfrutar de una visita guiada gratuita.

La exposición se llama ‘Historia portátil de la fotografía’ y está formada por 120 fotografías de 78 autores imprescindibles seleccionadas de la colección de Lola Garrido, una mujer fascinante.

Los autores:

Visitas guiadas y talleres semanales

Se ofrecerán visitas guiadas gratuitas los domingos, para el público general (a las 18:30 en euskera y a las 19:30 en castellano).

Todos los domingos de 12:00 a 13:30 se realizará el taller ¡Somos coleccionistas! Gabinete de las maravillas dirigido a niños de entre 5 y 12 años acompañados.

Imprescindible inscripción previa en la propia sala, en el teléfono 943 251937 o enviando un email a hezkuntza_artegunea@kutxakulturartegunea.eus.

Mesa redonda

Se celebrará una mesa redonda sobre coleccionismo de arte, el 10 de enero de 2019 a las 19:00, en la sala Ruiz Balerdi (4º planta de Tabakalera).

Participarán las coleccionistas Lola Garrido y Margarita Sánchez y estará moderada por Lourdes Fernández.

Fechas y horarios

La exposición Historia portátil de la fotografía. Colección Lola Garrido permanecerá abierta al público en Kutxa Kultur Artegunea entre los días 23 de noviembre de 2018 y
17 de febrero de 2019, de martes a domingo de 11.30 h. a 13.30 h. y de 17.00 h. a 21.00 h. Como siempre, la entrada a la sala es libre.

¡OS CONTAMOS MÁS!

Como afirma la propia Lola, su colección es autobiográfica, y en ella están presentes algunos temas recurrentes, como son la moda, la mujer y las vanguardias.

Al recorrer la exposición podemos comprobar que Lola Garrido tiene una especial predilección por fotografías con encuadres modernos, así como por aquellas que tienen como protagonista a una mujer. Sin embargo, los géneros representados son diversos: retrato, bodegón, paisaje urbano, fotografía documental o fotografía científica, están presentes en esta completa mirada a la historia de la fotografía occidental.

Encontramos fotografías desde 1865 a la actualidad, aunque el corpus central está compuesto por fotografías que van desde los años 20 a los 60. Muchas de las imágenes seleccionadas forman parte de la memoria visual contemporánea. La obra de Robert Capa Muerte de un miliciano, de 1937, se ha convertido en una de las fotografías más famosas de todos los tiempos. Otro tanto puede decirse de la Madre emigrante con la que Dorothea Lange documentó en 1936 las condiciones de vida de la América rural, asolada tras la depresión del 29; del extraordinario fotomontaje de 1932 firmado por Wanda Wulz titulado Io+gatto, o de la obra de Bern Stern que recoge una toma de la última sesión fotográfica de Marilyn Monroe. Los nombres René Magritte, Alexander Rodchenko, Robert Mapplethorpe, Henri Cartier-Bresson, Diane Arbus, Madame Yevondé o Inge Morath acrecientan el extraordinario elenco de autores presentes en la exposición.

Aunque la muestra recoge fotografías fechadas entre 1865 y 2007, el montaje huye deliberadamente de una presentación secuencial. La exposición busca sugerir relaciones temáticas y establecer diálogos visuales entre las propias imágenes con independencia de su autoría o del momento concreto de su captura. No hay capítulos cerrados, sino conceptos abiertos para que el espectador pueda explorar semejanzas, paralelismos o, por el contrario, diversidad y discordancias.

Hay relaciones sensoriales como la abstracción y la experimentación, un espacio en el que tienen cabida muchas de las poéticas artísticas de las que ha sido testigo la
fotografía, con obras de Jürgen Klauke, Hanness Kilian o Harold Edgerton; el protagonismo del rostro, los gestos y los inquietantes juegos de miradas en las instantáneas de Rodchenko, Norman Parkinson, Louise Dahl-Wolfe y Martin Munkacsi; la figura y el cuerpo como permanente reclamo desde la visión de Man Ray, Lillian Bassman, Martín Dorothea Lange, Alfred Cheney Johnston y Madame D’Ora, Bill Brandt o Milton H. Greene; la presencia de la ciudad, tanto de la construcción en sí como de la vida urbana que se aloja en las tomas de Alfred Erhardt y Lucía Moholy-
Nagy, y la naturaleza como invariado desafío –más espiritual que material– en las imágenes de Alma Levenson o Josef Breitenbach.

Hay lugar para lo frágil en forma de imágenes míticas de la historia, acompañadas de otras representaciones de la vanidad o la soledad, que conforman parte de la historia.

Y como toda colección, es una colección personal. Pasa del canon a los anónimos, de imágenes evidentes a imágenes escondidas. Sin duda porque como Lola Garrido dice «busco la elocuencia del
intervalo. Ese instante en blanco, sostenido, que arrebata el aire. Al igual que cuando enmarcamos un trozo de pared o de ventana, éste se puede convertir en un horizonte. Cuando a los
noventa años le preguntaron al maestro Kertész por qué seguía haciendo fotografías a su edad contestó: «Todavía tengo hambre. Esa hambre es la que respalda la trayectoria de los grandes, y de
sus obras. Es la que también debe guiar al coleccionista, y como coleccionista sé que ante todo mis fotografías son tan frágiles como la buena voluntad».