¡Fotogasteiztarras! ¡Qué gran notición! ¡¡Este verano podremos disfrutar la exposición ‘Vivian Maier. Una fotógrafa revelada’ en Donosti!!

Las fotografías de esta fotógrafa genial podrán verse de manera gratuita en la sala expositiva Artegunea de Kutxa dentro del edificio Tabakalera.

Cuando tengamos más datos, os los iremos contando 😉

¡¡Di que te lo contó FotoGasteiz!!

Como os contamos en el blog del profesor, Vivian Maier es una de las fotógrafas más influyentes de nuestro tiempo tras pasar toda una vida tomando fotografías desde el más absoluto anonimato.

Niñera y empleada del hogar interna de profesión, llevó una vida errante, de casa en casa, a las que acudía cargando decenas de maletas abarrotadas de rollos de negativos por revelar, con fotografías que tomaba de forma impulsiva mientras desempeñaba su labor de cuidadora.

Sus empleadores jamás supieron del contenido de las maletas ni mucho menos que fuera tan buena fotógrafa, si bien recuerdan que siempre llevaba una cámara de fotos consigo.

Su obra fue descubierta en 2007 por casualidad por el joven John Maloof, un aficionado a la fotografía que desde niño acudía a mercadillos y subastas y que, buscando fotos de Michigan para un trabajo en el que se hallaba inmerso, dio con sus fotografías en la casa de subastas sita frente a su casa.

Al descubrir las bellas fotografías que se hallaban en aquellos negativos, buscó en Internet su nombre, pero no encontró ningún resultado.

Comenzó a digitalizar sus negativos y cada vez encontraba fotos más y más maravillosas.

Consciente de que sólo no podía, contactó con el Museo de Arte Moderno de Nueva York para ver si le ayudaban, pero no tuvo suerte.

Decidió compartirlas en Internet. Y la respuesta de los internautas fue inmediata: todos se asombraron con la calidad y estilo de las mismas.

Pasados dos años, continuando su interés en la fotógrafa cuya espectacular obras estaba descubriendo en cada nueva tira de negativos que digitalizaba, realizó una segunda búsqueda en Internet y ésta vez si encontró algo: su obituario. Era 2009 y Vivian acababa de fallecer.

Su descubridor había tenido una pequeña posibilidad de conocerla, pues cuando descubrió su obra, ella aún vivía. pero no desistió. Aunque no podría decirle que había encontrado sus fotos, necesitaba saber más de ella.

Comenzó un arduo trabajo de investigación para intentar saber dónde vivió, si tenía familiares que pudieran contarle cosas sobre ella… y, tirando del hilo de algunos recibos que aparecieron entre los negativos y detectando algunas direcciones postales así como la dirección del estudio fotográfico en el que a veces la fotógrafa revelaba sus instantáneas, fue cuando llegó la sorpresa.

Descubrió que no se trataba de ninguna periodista ni fotógrafa profesional: aquella mujer de gran talento para la narrativa visual era una niñera.

Una niñera de profesión, fotógrafa aficionada, que aprovechaba su trabajo -cuidar niños- para pasar el máximo número de horas posible en la calle haciendo fotos.

Vivian Maier falleció sin ser reconocida. El gran reconocimiento de su obra llegó gracias a este joven inquieto, que vio el poder de su fotografía y quiso darlo a conocer al mundo.

Con todo, Vivian Maier es hoy día uno de los máximos exponentes en fotografía urbana, con exposiciones póstumas por todo el mundo, varios libros editados e impulsados por el joven Maloof y una película documental que recoge su historia, con entrevistas a los niños que hace décadas cuidó (ya adultos), a los padres de estos niños que en aquel entonces la contrataron, a los empleados de los laboratorios donde reveló algunos carretes de fotos, y al único familiar lejano que aún vive, que jamás supo de las geniales fotografías que hacía, si bien cuenta que siendo adolescente, cuando en su pueblo sólo se veían cámaras en comuniones y bodas, ella iba por el campo con su cámara retratando a trabajadores rural. Algo muy poco habitual en aquella época.

Gracias a John Maloof, esta gran desconocida está en todos los libros de historia de la fotografía.

Biografía

Nació el 1 de febrero de 1926 en Nueva York. Hija de madre francesa y padre austriaco. (Aunque siempre ocultó estos datos. Estos y todos los referentes a su vida. Cuentan quienes la conocieron que siempre pensaron que era europea y tenía un falso acento francés).

Vivía con sus padres en Nueva York.

En 1930, cuando tenía sólo 4 años, su padre las abandonó y la madre se encargó de su crianza.

Su madre tenía entonces 32 años y trabajaba como enfermera privada para la familia de una fotógrafa que trabajaba en un estudio de Nueva Jersey: Jeanne Bertrand.

Puede entenderse que Vivian pudo haber tenido su primer contacto con una cámara a los cuatro años, pero son sólo conjeturas.

A los siete años viajó por primera vez a Francia, al pueblo de su madre, Saint-Bonnet-e-Champsaur, donde hoy vive su único familiar conocido y se la recuerda como «una niña de seis años tímida, que siempre estaba con su madre y que no hablaba francés».

Viajaría con su madre dos veces más en los años siguientes. De adolescente, ya sin separarse de su cámara, algo más que extraordinario en la época.

Aquel primo aún conserva la cámara de fotos de la madre de Vivian, que podría haber adquirido su gusto por la fotografía trabajando como enfermera para la aquella fotógrafa.

Apenas hay información de la niñez de Vivian, entre los 6 y los 12 años. Sí se sabe que volvió a viajar a Francia con su madre en el recién inaugurado transatlántico SS Normandy y que sus padres se reconciliaron y volvieron a vivir los 3 juntos en un piso de alquiler en el Upper East Side de Manhatan.

No hay dato alguno de su adolescencia.

En su juventud (1949), con 23 años, regresó sola a Francia para ayudar a vender una gran propiedad de su tioabuelo, caído en Segunda Guerra Mundial, y adquirir su parte de la herencia, y aprovechó para conocer el país y fotografiarlo todo con una cámara Kodak Brownie.

Quienes tuvieron contacto con ella entonces cuentan que no era normal la cantidad de fotografías que hacía.

En 1951, con 25 años, regresó a Nueva york, al barrio de Queens y, por lo que muestran sus negativos, trabajó en una tienda de caramelos y con varias familias.

En 1952, con 26 años, comenzó a hacer fotos con una cámara Rolleiflex. Fotografió los usos y costumbres de las familias con las que estaba (cumpleaños y fiestas) e hizo fotos por las calles de una ciudad inmersa en un cambio de paradigma por las oportunidad de la posguerra, y considerada, sin duda, la capital de la cultura fotográfica estadounidense (en aquella época se expuso ‘Family of a man’ en el MoMa, una exposición que rompió todos los récords de visita y considerada la más importante de la historia de la fotografía).

En 1956, con 30 años, por razones que no han trascendido, se mudó a Chicago, donde comenzó a trabajar de niñera para diversas familias (Fue niñera hasta los años 90)

Su primer trabajo confirmado fue en Highland Park (ciudad al norte de Chicago, Illinois), a orillas del Michigan, donde cuidó a los niños de Nancy y Aaron Gensberg ‘John, Lane, y Mathiew’ desde 1956 hasta 1972.

Se sabe que en su habitación tenía un lavabo privado donde revelaba sus negativos, con tanques caseros, y los secaba en la ducha.

En 1957, con 31 años, pidió permiso a los padres de los niños que cuidaba e hizo un gran viaje a Puerto Rico y toda Sudamérica

En 1959, con 33 años, volvió a pedirles vacaciones -esta vez ocho meses- y viajó a Egipto, Tailandia, Taiwan, Vietnam, Indonesia, Francia, Italia.

A medida que los niños que cuidaba (los de los Gensberg) iban creciendo, también cuidó de la hija de un médico de Wilmette (un pueblo a 23 Km de Chicago). Una niña llamada de Inger.

En 1975, con 49 años, trabajó unos meses como niñera y empleada del hogar del famoso presentador de televisión Phil Donahue, que acababa de ganar la custodia de sus cinco hijos tras su divorcio.

A partir de ahí, trabajó para otras familias más.

Vestía de forma muy diefernte a las de las mujeres de la época: con camisas grandes de hombre, botas militares, abrigos sobretallados y sombreros enormes. «Parecía una trabajadora soviética, una guarda de prisiones o una lesbiana», aseguran las familias en cuyas casas vivió. Porque siempre trabajó como niñera interna, viviendo en las casas de los niños a los que cuidaba y donde guardaba sus decenas de maletas llenas de negativos.

También llamaba la atención su forma de hablar, de opinar y de caminar.

Durante su vida grabó varias cintas de audio. Hablando directamente a la grabadora sin haber nadie más con ella o realizando entrevistas a quien se encontraba en la calle. Y gracias a esas cintas puede corroborarse lo que aseguran las personas que la trataron. Que tenía un acento a medio camino entre el alemán y el francés, pese a que era estadounidense (algo que jamás supieron las familias porque ella jamás contó nada de su pasado).

El lingüista Barry Wallis, que conoció a Maier en los año 70 asegura en la película ‘Buscando a Vivian Maier’ que tenía un acento fingido.

Al conocerse después que no fue a Francia hasta los 6 años y por poco tiempo se corrobora esta teoría, pues a los 6 años ya tenía el inglés totalmente desarrollado.

También ha trascendido -y se ve en la película- que a algunas de las personas con las que convivió durante su etapa como niñera les decía que se llamaba Vivian, a otras que Vivianne, a otras Viv, a otras Mrs Maier. y en el laboratorio fotográfico al que a veces llevaba a imprimir sus fotos les decía que se llamaba Mrs Smith, tras indicarles antes que no quería dar su nombre y que no tenía número de teléfono, cuando se lo pidieron para contactarle cuando estuvieran impresas las fotos.

La cantidades de maletas con las que viajaba -una vida a cuestas- fueron sólo el principio. Llegó a acumular cientos de periódicos y miles de objetos sin uso aparente. Padeció diógenes.

Su forma de actuar le fue haciendo cada vez más complicado encontrar trabajos de niñera. Y su obsesiva acumulación le llevó a tener que alquilar lonjas para guardar las cosas que no cabían en las casas en las que vivía, lastrando su economía hasta el final de sus días.

Vivian trabajó hasta el cuerpo le dejó.

Bien avanzada la década de los 90, cuando ya superaba los 60 años y no podría correr tras los niños, comenzó a trabajar cuidando enfermos y tullidos.

Su estado mental se fue deteriorando y cuentan quienes la conocieron en sus últimos años que comparaba fruta y verdura en mal estado, la cocía y se bebía el agua de la sopa o la grasa de las ollas de carne para mantener la salud.

Tres de los niños que décadas atrás cuidó le pagan el alquiler.

En las navidades de 2008, sufrió un accidente y fue hopitalizada.

Tras pasar varios meses de recuperación y negarse a ser atendida y a comer, fue trasladada a una residencia en Highland Park, donde murió el 21 de abril de 2009.

Vídeos sobre Vivian Maier:

· Documental ‘Finding Vivian Maier’ subtitulado en español