Profesor de fotografía

por Gustavo Bravo (FotoGasteiz)

Francesc Català-Roca

Francesc Català-Roca es uno de los referentes más importantes de la fotografía urbana y documental española. Consciente de que su oficio, más que un arte, era la única manera de congelar el tiempo y documentar el presente para la posteridad, buscó los lugares, las gentes y las luces que, desde su sensibilidad, consideró que mecerían pasar a la historia convertidas en fotografías.

Daba largos paseos en los que tomaba ‘fotografías mentales’ que después simplemente tenía que ir ‘recogiendo’ con su cámara. Fotografió prácticamente toda España, como un maestro del reencuadre, con un talento especial en la composición tonal y el juego de luces.

Los puntos más fuertes de su fotografía residen en la búsqueda de puntos de vista y perspectivas interesantes, así como el uso de la luz.

Además, fue parte activa de la vida cultural catalana, fotografiando a sus contemporáneos como Salvador Dalí o Joan Miró, de quien fue amigo íntimo durante décadas.

Biografía

Francesc Català-Roca nació el 19 de marzo de 1922 en Valls, Tarragona.

Su padre, Pere Català i Pic, que ocho años antes de nacer él trabajaba en un banco, ganó una cámara de fotos en un sorteo del trabajo y dejó el banco para montar un estudio de fotografía. Corría 1914 y en el pueblo ya le conocían como ‘el retratista’.

Francesc creció viendo a su padre trabajar en el estudio. Le gustaba mucho observarle revelando fotos y dede joven mostró un profundo interés por las artes plásticas.

En 1929, cuando solo tenía siete años, tomó su primera fotografía. La hizo con una cámara Box-Tangor que su padre les dejaba a él y a sus hermanos, tras hacer firmar una especie de contrato en el que los niños se comprometían a cuidarla.

Dos años más tarde, en 1931, cuando tenía nueve años, se mudaron al Barrio Gótico de Barcelona, ciudad natal de su madre.

Su madre se había casado con su padre, un fotógrafo de izquierdas, sin el beneplácito de los padres de ella, sus abuelos maternos, que eran de clase burguesa.

Pere desea dar un paso más allá de la fotografía de estudio y ceremonias familiares para adentrarse en la fotografía publicitaria e industrial, un trabajo que alterna con trabajos teóricos y pedagógicos.

Se convierte en un estudioso, siempre pendiente de cualquier novedad y de lo que se lleva en el extranjero. Se dice que tenía una técnica y una concepción tan modernas, que iba muy adelantado a su tiempo y por ello no le entendió ni siguió casi nadie.

En 1934, durante una colonias veraniegas, a los doce años, sufrió un accidente que le marcó de por vida. Se encontraba bebiendo agua de un cántaro, cuando otro niño quiso quitárselo, con tan mala suerte que al forcejear con él se rompió la nariz y esta rotura le provocó más tarde la pérdida del sentido del olfato.

Al año siguiente, con trece años, empezó a simultanear sus estudios (iba al colegio por la tarde) con el trabajo de ayudante fotográfico con su padre (en el turno de mañana).

Al mismo tiempo, comenzó a estudiar Bellas Artes.

En 1937, con quince años, comenzó a trabajar en la imprenta de la Comisaría de Propaganda de la Generalitat como responsable del archivo.

Era una especie de agencia de comunicación que trabajaba con libros, revistas y películas en favor de la República.

Entre los periodistas extranjeros que utilizaron las instalaciones se encontraba Robert Capa, que por aquel entonces cubría la Guerra Civil Española y ya era famoso por la foto de ‘El Miliciano’, la mejor fotografía de guerra de todos los tiempos en la que fotografió una muerte en directo, tomada unos meses antes (septiembre de 1936), que copó las principales revistas internacionales, como VU o Life.

Guerra Civil Española

Pasó toda la guerra (1936-1939) en Barcelona, donde vivía desde 1931, entre intermitentes bombardeos. Su madre murió de pulmonía y su abuela ocupó su lugar, cuidándole a él, que era un adolescente, y a sus hermanos.

Una vez termina la guerra, el padre no va a salir de casa por miedo a represalias por haber participado con el otro bando, mientras Català-Roca, empieza a trabajar como fotógrafo funerario: por aquel entonces era costumbre fotografiar un último recuerdo de los muertos.

Firma sus trabajos como F.C. Roca y su padre, que escribe ensayos, como Pic, obviando el apellido Català para no verse perjudicados por las políticas lingüísticas.

En 1942, a la edad de 20 años, retomó la fotografía industrial aprovechando la obligatoriedad de la época de presentar una fotografía a la hora de solicitar licencias, y comenzó el servicio militar, al que se presentó como voluntario para poder hacerlo en Barcelona.

Le destinaron al cuartel de Lepanto, donde hoy se levanta la Ciudad Judicial de Barcelona, a la sección de Óptica para encargarse de las comunicaciones y transmisiones (MORSE).

Un año después, en 1943, con 21 años, fue al médico por un dolor de muelas y el médico, que vio que tenía la nariz rota, le realizó unas pruebas y, por su ausencia de olfato, le declaró “inútil temporal”, así que dejó “la mili” y volvió a su trabajo como fotógrafo.

En 1948, con 26 años, y pese a que su padre quería que siguiera con el negocio fotográfico familiar, abrió su propio estudio fotográfico en el entorno del Parque Güell (Travesía de Dalt, 44, Gracia, Barcelona), donde pudo encontrar su propio estilo, muy alejado del grafismo publicitario del padre.

Sigue viviendo en casa con su padre y su abuela e intenta que éste colabore con él, pero se niega. Según cuenta el hijo de Català-Roca, su abuelo y su padre tenían visiones muy opuestas. El padre pensaba que el arte lo ponía el artista, mientras que Catalá Roca pensaba que el arte lo ponía el público”.

Sin embargo, Pere Català i Pic le ayuda como avalista en el préstamo de 5.000 pesetas que pide al banco Hispanoamericano y le da algunas máquinas para que pueda empezar. Cuenta que al principio no tenía ni sillas y que cuando se cansaba se sentaba en el suelo.

Ese mismo año, participó en un concurso de carteles de la empresa de Coñac Domecq, que hasta entonces eran dibujados, con una fotografía (algo muy novedoso para la época) y ganó. El premio estaba valorado en 7.500 pesetas. Ganar el concurso le dio fama y visibilidad y el premio económico le permitió devolver todo el préstamo de golpe, antes incluso de vencer la primera letra.

En 1949, a la edad de 27 años, comenzó a fotografiar la ciudad en la que vivía desde su adolescencia: Barcelona. Cuentan que paseaba sin cámara observando (localizaba), y después, ya con la luz adecuada, volvía a fotografiar la escena con su enorme cámara de 13cm x 18cm, en la que veía la imagen en su zona superior.

Podía esperar horas hasta ver la luz adecuada.

Ese mismo año tomó una de sus fotografías más conocidas (podéis verla a continuación).

Subió a la Torre de Colón con su cámara clavada en una tabla (a modo de palo selfie) y consiguió una perspectiva cenital de la torre.

Aquí debajo podéis ver la relación entre la placa original y en reencuadre posterior realizado en el laboratorio fotográfico, lo que demuestra una habilidad muy avanzada sobre la compensación de los pesos, la fuga, la línea y la perspectiva:

Entre los años 1950-51 (con 28-29 años) grabó el cortometraje ‘La ciudad Condal en Otoño’, que le otorgó numerosos premios y siguió presentándose a concursos de fotografía.

Sólo ese año se presentó a ocho concursos y los ganó todos.

Las Ramblas con lluvia. Barcenola. 1950. Francesc Català-Roca

Solar con juegos. Barcelona 1950. Català-Roca

Sombras en la Barceloneta. Barcelona. 1950. Català-Roca

Gitanilla. 1950. Català-roca

Por su fama y su buen hacer, pero sobre todo gracias a los contactos de su padre, consiguió trabajo como fotógrafo en el semanario Revista, retratando a los personajes famosos que visitaban la ciudad.

Gracias a este trabajo pudo conocer a muchas personalidades, entre ellas Salvador Dalí, al que fotografió en el Parque Güell en 1952. Congeniaron y de allí surgió una bonita amistad que le llevará a seguir fotografiándole los años siguientes tanto en Barcelona como en Cadaqués, donde vivía Dalí y donde hoy está su casa museo.

Ese mismo año grabó un documental sobre la Sagrada Familia, que ganó varios premios e hizo que el cineasta internacional Thomas Bouchard se fijara en él y le contratara como ayudante para una película que quería rodar sobre el pintor Joan Miró.

A Miró le encantaba dejarse fotografiar por él pues, mientras el resto de fotógrafos que había conocido hasta la fecha le “estorbaban” mientras pintaba, él lo hacía sin molestar y sin prácticamente ser visto.

Por esas fechas, publicó su primer libro fotográfico: ‘La Sagrada Familia’.

En 1954, con 32 años, empezó a trabajar para la editorial Destino, haciendo fotos para guías turísticas. El editor, José Manuel Lara, le encargó un libro sobre Cuenca, adonde viajó en una vespa.

Con este encargo, inició una serie de viajes por toda España en moto y descubrió un país atrasado, envejecido y anclado.

Destaca el trabajo de Los Salineros de Ibiza.

“ Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente. Al aparecer el 600, que se metía por todas partes, la imagen de España cambió por completo”.

Algunas de sus fotos más conocidas las tomó en Madrid, para la Editorial Destino.

Mujeres en la Gran Vía. Madrid. 1953. Català-Roca

Cibeles. Madrid. 1952. Català-Roca

Recadero en el metro. Madrid. 1953. Català-Roca

Gran Vía nevada. Madrid. 1953. Català-Roca

Mujer bajo la marquesina en la Gran Vía. Madrid. 1953. Català-Roca

Reloj de la Puerta de Sol. Madrid. 1953. Català-Roca

En el viejo Madrid. 1953. Català-Roca

Conversación. 1953. Catalá-Roca

Esperando el gordo de la Navidad. 1952. Català-Roca

Una de las más populares, titulada ‘Esquina’, la hizo en 1953. Y 40 años más tarde, fue la elegida para ilustrar la portada del famoso ‘La sombra del viento’, de Ruiz Zafón, publicado en el año 2001.

Esquina. Madrid. 1953. Català-Roca

En 1958, con 37 años, el Gobierno de España, que por aquel entonces quería promocionar su turismo, con Gabriel Arias Salagado como ministro de Turismo, le encargó reportajes sobre el Camino de Santiago, la Semana Santa de Sevilla y las fallas de Valencia.

Dejó su moto y se pasó al coche: a un 600.

Sus fotos, que no podía hacer con libertad pues tenían que pasar el filtro de la censura, las hacía estrictamente como se las pedían (en color -lo utilizaba entonces por primera vez- y mostrando una España nada atrasada y muy moderna, como así lo consiguió), pero aprovechaba sus viajes para tomar “sus fotos”.

En 1959, con 38 años, conoció a una joven danesa de 20 años de la que se enamoró: Lilly Pedersen, con la que se sacó al año siguiente.

En 1961, cuando tenía 40 años, la editorial Destino publicó la Guía de Catalunya con textos de Josep Pla y fotografías de Català Roca.

Turismo le siguió haciendo encargos.

Josep Pla en Llofriu, Girona. 1977. Català-Roca

Su joven mujer trabajaba como traductora de catalán, alemán y danés para el colegio de arquitectos de Barcelona.

Fueron padres primerizos teniendo él 40 años y ella 22. Fue un niño, de nombre Marti, que nació la víspera de la nochevieja de aquel año.

En 1962 Manuel Fraga fue nombrado Ministro de Turismo y durante ese año y el siguiente, le encargó varios carteles que promocionasen el turismo en España y fotografiar Galicia.

El 5 de diciembre del 63 nació su segundo hijo, Andreu.

La familia se mudó al barrio de Gracia (zona del Parque Güell).

El empezó a padecer jaquecas, sufrió estrabismo y empezó a usar gafas.

En la década de los 60, ilustró y editó varios libros, entre ellos uno de Alberti, realizó exposiciones y recibió varios premios, entre ellos la medalla al mérito turístico (otorgada por Fraga).

En 1970 viajó con Miró a Osaka y editó ‘Cerámica popular española’. En esa década de los 70 editó varios libros y profundizó en la investigación del color.

Destaca el libro que hizo con Chillida en 1974, mientras seguía fotografiando a Miró, de quien ya era amigo hacía 22 años.

En 1979 empezó a tener problemas de colesterol y padeció una trombosis en un ojo por un tapón de grasa.

En el año 1980 empezó a colaborar con La Vanguardia y Gaceta ilustrada.

En 1983 recibió la noticia de que se le iba a conceder el Premio Nacional de la Artes Plásticas. Era el primer fotógrafo en conseguirlo. El premio estaba valorado en un millón de pesetas. Se le concedió en 1992, junto con la Cruz de Sant Jordi.

En 1987, el Instituto Español de NY organizó una retrospectiva suya y éste viajó a Nueva York.

Viajará cinco veces más hasta 1991, con la idea de hacer su primer libro de fotografía sin texto. Para el título, se dijo que fotografió un graffiti. El libro permanece inédito en el archivo propiedad de sus hijos.

En 1995 publicó su último libro de imágenes, ‘Fotografías a-cromáticas’ y publicó su libro de memorias en catalán ‘Impresiones de un fotógrafo’.

En 1996 sufrió un infarto durante un viaje a Granada para dar una conferencia.

Su mujer murió a los 57 años.

Pasó su último año de vida ingresado en la clínica Seguí de Barcelona.

Tomó su última foto desde la cama.

En 1998, a los 76 años, falleció de un ataque cardiaco. Fue el 5 de marzo.

 

Vídeos sobre Francesc Català-Roca:

 

Libros de Català-Roca:

· Català-Roca Obras Maestras (La Fábrica) (El libro más completo jamás editado sobre su obra)

· CUENCA: La Versión de Català-Roca (LIBROS DE AUTOR)

· Català-Roca, imágenes de Castilla y León

· Catala-roca: Barcelona/Madrid años cincuenta (catálogo de exposición)

Citas de Francesc Català-Roca:

“Me he pasado toda la vida buscando la luz”.

“No he tenido problemas con la gente que fotografiaba, he tenido la intuición, sabía cuándo pedirlo y cuándo no”.

“El fotógrafo siempre duda: qué ángulo hay que tomar, qué diafragma y qué velocidad hay que elegir, qué película hay que preferir… pero no debe dudar nunca a la hora de disparar”.

“Al contrario de lo que se acostumbra a decir, creo que la fotografía se parece más a la literatura que a la pintura”.

· Durante su trayectoria evitó los experimentos que manipulaban o alteraban la fotografía. Prefería aquellas instantáneas que se enfocaban y revelaban sin trucos.

· No tuvo teléfono y no puso ningún letrero en su estudio. Quería que costara encontrarle, para trabajar con quien le quisiera de verdad y evitar encargos pequeños.

· Cuando alguien que no le interesaba le pedía una foto , le llevaba al sitio que él quería e imitaba el sonido del clic con la boca, y luego le decía “qué lastima, no salió”. También utilizó esta técnica en la foto del carbonerito.

© 2019 Profesor de fotografía

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